
¿Se puede aprender a negociar leyendo la autobiografía del hombre más polémico del mundo?
Trump: El arte de la negociación (1987) — escrito con Tony Schwartz — es la versión de Donald Trump sobre cómo piensa, cómo negocia y cómo construyó un imperio desde Brooklyn hasta Manhattan. Un libro que dice todo lo que su autor cree sobre el éxito, sin filtros.
Un libro que te obliga a pensar, aunque no te guste quien lo escribió
¿Alguna vez cerraste un trato sintiéndote que la otra parte se llevó lo mejor? ¿Dejaste pasar una oportunidad porque te pareció demasiado arriesgada? ¿Sentís que no sabés cuándo presionar y cuándo ceder?
Este libro no es un manual neutral. Es la voz de alguien que se cree el mejor negociador del mundo y que lo argumenta con décadas de proyectos en Manhattan, casinos en Atlantic City y peleas públicas con políticos, arquitectos y banqueros.
Lo valioso no es que Trump sea un modelo a imitar. Es que su forma de pensar los negocios —con sus luces y sus sombras— está explicada con una claridad poco común. Y eso es útil, aunque no compartas ni el estilo ni los valores.
Publicado en 1987, vendió más de un millón de ejemplares en su primer año. Hoy sigue siendo relevante no porque Trump sea admirable, sino porque el mundo en el que opera —el de las grandes negociaciones, el ego, la prensa y el riesgo— no cambió tanto.
Pensar en grande como estrategia, no como arrogancia
Trump repite que la mayoría de la gente piensa pequeño porque le tiene miedo al éxito. Para él, el tamaño del sueño determina el tamaño del resultado. No es autoayuda vacía: lo aplica cuando decide no construir en Queens sino apuntar a la Quinta Avenida, o cuando no se conforma con un hotel sino que quiere transformar un barrio entero.
La idea de fondo es que el esfuerzo que cuesta un proyecto grande no es proporcional al tamaño: gestionar 50 apartamentos requiere casi la misma energía que gestionar 1.200. Entonces, ¿para qué conformarse con lo chico?
Trump y su padre compraron un complejo de 1.200 departamentos en Cincinnati con 800 unidades vacías, por menos de la mitad de su costo de construcción. Lo pusieron en orden, subieron los alquileres y lo vendieron por el doble. La lección: los proyectos en crisis son oportunidades si tenés capacidad de gestión.
Protegé el piso. El techo se cuida solo
La frase más contraintuitiva del libro: Trump dice que no es un apostador, que en realidad es muy conservador. Su lógica es simple: siempre hay que tener una salida. Nunca comprometerse al 100% en algo de lo que no podés retirarte.
Cuando compró el Commodore Hotel —ese edificio ruinoso al lado de Grand Central— se aseguró de no poner un centavo hasta tener garantías de financiación y exención impositiva. Cuando entró al negocio de los casinos, primero consiguió el terreno, después el permiso, y solo entonces empezó a construir. Al revés de cómo muchos lo harían.
Condicioná cada paso. Avanzá solo cuando tenés cubierto el riesgo. El tiempo perdido en negociar protecciones es menor al tiempo perdido en recuperarse de un fracaso.
Comprometerse de entrada para “no perder la oportunidad”. La urgencia percibida suele ser parte de la presión del otro lado. Raramente la oportunidad se va si esperás un día más.
El que más necesita cerrar el trato, pierde
Para Trump, el apalancamiento no es plata. Es información, timing y percepción. Negociar desde la necesidad es la peor posición posible. Negociar con algo que el otro quiere —o cree que necesita— es lo ideal.
Cuando negoció con la ciudad de Nueva York por el Hotel Commodore, usó como palanca el desastre que sería que el edificio cerrara: pérdida de empleos, degradación del barrio, impacto en Grand Central. La ciudad necesitaba que alguien lo rescatara. Trump lo sabía y negoció en consecuencia.
“El peor negociador es el que parece desesperado por cerrar. El otro lo huele y ahí te hundiste.”
— Donald Trump, The Art of the DealTambién creó apalancamiento donde no existía. Cuando buscaba apoyo para su proyecto en la calle 34, bautizó el desarrollo como “Television City” porque sabía que la ciudad no quería perder a NBC. Un nombre puede ser una palanca política.
No te enamorés de una sola jugada
Trump describe su estilo como “mantener muchas pelotas en el aire”. Si cae una, quedan otras. Si un plan no funciona, tiene un plan B y un plan C listos. No porque sea indeciso, sino porque sabe que las cosas rara vez salen exactamente como se planean.
Cuando no consiguió financiación pública para construir viviendas en el terreno del Penn Central en Manhattan, Trump pivotó y propuso ese mismo terreno como sede del centro de convenciones de la ciudad. No fue un plan B improvisado: era una posibilidad que tenía en mente desde el principio.
La prensa no es el enemigo. Es una herramienta
Trump tiene una teoría clara sobre los medios: los periodistas siempre necesitan una buena historia. Si sos diferente, polémico o hacés cosas en grande, te van a cubrir. Y eso vale más que cualquier aviso publicitario.
Calcula que un aviso de página entera en el New York Times costaba 40.000 dólares. Una nota periodística moderadamente positiva sobre uno de sus proyectos no le costaba nada y tenía más impacto. Lo que llama “hipérbole veraz”: exagerar un poco para captar atención, sin mentir sobre lo esencial.
Trump también admite que la publicidad negativa le fue útil. La polémica por demoler las esculturas art déco del edificio Bonwit Teller generó malas notas, pero también mucha atención. Las ventas en Trump Tower subieron. Eso no significa que sea una táctica recomendable: el costo reputacional puede ser mayor que el beneficio de corto plazo.
El hype no sostiene nada si no hay producto atrás
El capítulo sobre Trump Tower es el más detallado del libro y no es casualidad. Es donde Trump muestra que la estrategia comercial y la calidad real del producto van de la mano. El mármol Breccia Perniche que eligió para el atrio —descartando el 60% de cada losa para quedarse solo con las mejores piezas— no era marketing: era la razón por la que el edificio se convirtió en lo que se convirtió.
También reconoce que hay vendedores que hablan muy bien pero no entregan. Y que eso funciona una vez, no dos.
“No podés engañar a la gente por mucho tiempo. Podés crear entusiasmo, podés hacer toda la promoción del mundo, pero si el producto no está a la altura, tarde o temprano se sabe.”
— Donald Trump, The Art of the DealTres historias que vale la pena conocer
Trump quería comprar el Hotel Commodore sin poner plata propia. El Penn Central lo aceptaba como comprador pero los bancos no querían financiar nada en una ciudad al borde de la quiebra. La vuelta de Trump: usar la culpa y el miedo. Les dijo a los banqueros que si no invertían en Nueva York, ¿quién lo iba a hacer? Que tenían una obligación moral con la ciudad donde operaban. Dos bancos cedieron: Equitable Life (motivada por el bien de la ciudad) y Bowery Savings Bank (cuya sede quedaba justo enfrente del Commodore y no quería ver el barrio degradarse). A veces el argumento correcto no es el retorno esperado sino el riesgo de no actuar.
Trump negoció la compra de los derechos aéreos sobre Tiffany —propiedad de Walter Hoving— con un apretón de manos. Mientras Hoving estaba de vacaciones, el mercado inmobiliario explotó y los derechos valían mucho más. Sus ejecutivos le recomendaron salirse del trato. Hoving los cortó en seco: “Cuando yo hago un trato, ese es el trato, sea bueno o malo.” Después, cuando Avon compró Tiffany y quiso que Hoving anulara el acuerdo con Trump como condición, Hoving respondió que si eso era un problema, que no compraran la tienda. Trump cuenta este episodio como uno de los mejores ejemplos de integridad que conoció en los negocios.
La pista de patinaje Wollman Rink en Central Park llevaba siete años en obras, con millones gastados y ningún resultado. Trump se ofreció a terminarla. Lo hizo en cuatro meses, bajo presupuesto y antes de lo previsto. Para él, era la demostración perfecta de la diferencia entre la gestión privada y la pública: cuando no es tu plata, la urgencia desaparece. El episodio le generó mucha prensa positiva y demostró que el hype puede ser útil, pero el resultado lo es todo.
¿Para quién es este libro?
Especialmente quienes trabajan con activos físicos, contratos complejos o proyectos que dependen de permisos y financiación.
El libro ofrece una radiografía de cómo piensa alguien que hace de la negociación su modo de vida. Útil aunque no compartas el estilo.
La relación de Trump con la prensa —cómo genera historias, cómo maneja las críticas— es un caso de estudio en sí mismo.
Para quienes disfrutan leer un libro sin estar de acuerdo con él. Acá hay mucho material para analizar, cuestionar y discutir.
Lo que el libro no dice
Hay que leerlo sabiendo lo que es: la versión de Trump sobre Trump. Tony Schwartz —el coautor— declaró años después que la mayor parte de las anécdotas fueron embellecidas o directamente inventadas. El libro no tiene fuentes, no tiene datos verificables y no incluye ningún fracaso que el autor no pueda convertir en una historia de aprendizaje.
Además, muchas de sus estrategias dependen de un contexto muy específico: Nueva York de los años 80, acceso a grandes capitales y una red de contactos construida a lo largo de décadas. Lo que funcionó ahí no es necesariamente replicable.
Tony Schwartz, quien pasó 18 meses con Trump para escribir el libro, dijo en 2016 que si pudiera titularlo de nuevo lo llamaría “El sociopata”. Eso no invalida los principios de negociación del libro, pero sí cambia el contexto en el que hay que leerlos.
¿Vale la pena leer un libro de alguien en quien no confiás?
Sí. Y precisamente porque el autor no pide que confíes en él. Trump es explícito: usa a la prensa, crea percepciones, negocia con información parcial. No lo esconde. Eso hace al libro más honesto que muchos otros de su género.
Las ideas sobre apalancamiento, opciones múltiples y protección del downside son válidas más allá de quien las formuló. Lo que requiere trabajo de tu parte es separar los principios de la personalidad, y decidir cuáles adoptás y cuáles descartás. Esa es, en realidad, la habilidad más útil que podés ejercitar leyendo este libro.
- ¿En qué negociaciones recientes actuaste desde la necesidad en lugar de desde la fortaleza? ¿Qué diferencia hubiera hecho tener más palancas?
- ¿Tenés siempre un plan B antes de comprometerte con una sola opción? ¿Cuántas veces te quedaste sin salida por no haberlo preparado?
- ¿Cómo construís percepción en tu entorno profesional? ¿La prensa —en sentido amplio— trabaja para vos o ignorás esa dimensión?
- ¿Sabés cuándo parar de negociar y cerrar? ¿O tenés tendencia a seguir buscando mejores condiciones hasta que el trato se cae?
- ¿Cuáles son tus costos de downside reales en los proyectos en los que estás? ¿Los calculaste o los estimás a ojo?
- ¿Alguna vez confundiste el tamaño de un proyecto con su valor real? ¿Pensar más grande te generaría mejores resultados o más riesgos?
- ¿Con quién necesitás hablar realmente para cerrar un acuerdo? ¿Estás negociando con la persona que toma la decisión o con intermediarios?
- ¿Cuánto del éxito de Trump en este libro se debe a sus principios y cuánto al contexto —época, ciudad, capital inicial— que él no menciona?
- ¿Hay algo en el estilo de Trump que te resulta útil separado de su personalidad? ¿Podés adoptarlo sin adoptar lo que rechazás de él?
- ¿Qué parte de lo que Trump llama “hipérbole veraz” aplicás en tu propio trabajo o vida? ¿Hay una diferencia real entre eso y mentir?









