A Marcelo Tuly (@tulycocoto) lo conocí en Fútbol 5 e Ideas, una de las juntadas del Club Social FlamaHaus. Es techista, músico y un gran arquero. Pero además tiene esa curiosidad de los que siempre están probando algo nuevo. Entre trabajos, música y pelotas, empezó a jugar con herramientas de inteligencia artificial. Y de uno de esos juegos nació Papoi, un personaje que empezó casi de casualidad y terminó ganándose el cariño de chicos de todo el mundo.

Tiktok: @Tulycocoto
FacuMena: Antes de Papoi, ¿quién eras y qué lugar ocupaba la música en tu vida?
Tulycocoto: Venía de grabar varios temas y tenía cuatro canciones que había hecho con inteligencia artificial, pero me encontraba con una dificultad: dependía muchísimo de otras personas para poder llevar adelante mi proyecto.
Los videoclips eran caros y, para generar material relacionado con la música, dependía de terceros. De alguna manera, todo se volvía muy difícil de sostener. Entonces decidí frenar el proyecto y ocultarlo.
Fue como decir: “Bueno, un año de trabajo, ocho millones de vistas… ¿y qué significan?”. Porque sentía que estaba en un mundo lleno de músicos, canciones y artistas, y que mis ocho millones de vistas no necesariamente significaban que estuviera logrando algo.

FM: ¿Cómo empezaste a experimentar con herramientas de inteligencia artificial y en qué momento apareció Papoi?
TC: Yo tengo muchísimos oficios y pasé por muchos emprendimientos. En ese momento también trabajaba haciendo ventas en una fábrica textil. La inteligencia artificial primero la empecé usando para cosas prácticas, como ordenar stock, y después para hacer memes.
En un momento vi que podía probar canciones gratis y pensé: “A ver qué sale”. Yo tenía muchísimas letras, muchísimas cosas para contar a través de canciones, así que empecé a experimentar. Salieron canciones muy lindas, aunque muchas también quedaron ahí.
El siguiente paso fue intentar hacer videos con inteligencia artificial, justamente para no depender de otras personas, de alguien que quisiera colaborar con mi proyecto o de tener que pagar grandes costos para producir material.
Y ahí apareció algo que también tuvo que ver con una frustración mía: había momentos en los que sentía que no se me ocurría nada. Pero en el grupo familiar, mis sobrinos y mis hijas me compartían constantemente memes, cosas raras o frases del momento que a mí me llamaban la atención.
Hasta que un día, para hacerle una broma a mi sobrina con un sticker que me mandaba siempre, decidí convertirlo en un video. Ese primer video fue “No me miren las Crocs”. La frase había salido de mi sobrina y yo veía que la repetían, que la decían como un latiguillo. Entonces pensé: “Bueno, voy a hacer algo con esto”.
Y ahí pasó algo que no esperaba: funcionó. A la gente le gustaba, lo repetía y empezó a tomar vida propia. Mi hija fue la que después me dijo que hiciera algo con eso y directamente me creó una cuenta de TikTok. Y ahí empezó todo.

FM: ¿La personalidad de Papoi la pensaste desde el principio o la fuiste descubriendo con cada video?
TC: Papoi tiene mucho de mi estado de ánimo diario y de mi entorno, que son mis sobrinos y mis hijas. Es un personaje muy cotidiano. Cada video lo hago en el momento, a partir de algo que pasó. Nunca tengo nada preparado, así que sale todo fresquito.
En ese sentido, Papoi muestra un poco de lo que es mi vida cotidiana, pero también tiene mucho de mi personalidad: mi ternura, a veces mi total paciencia, y también todas las veces que me caí y me volví a levantar.
Creo que Papoi también habla un poco de lo que pasa en el mundo, pero siempre desde un lugar optimista. Es como decir: “Bueno, dale… hay que seguir”.
Y también hay mucho de lo que me comentan los chicos. Yo leo los comentarios y eso va formando el día a día de Papoi. Me hace estar muy atento a cómo reciben cada historia.
A veces un video puede tocar una fibra sensible y algún chico me cuenta que la pasó mal con algo que vio. Entonces trato de modificar un poco el guion para no generarles una angustia innecesaria. Y si hago algo más dramático, en el video siguiente intento restaurar esa situación, llevarla nuevamente a un lugar más positivo.
Porque si bien Papoi puede hablar de cosas que pasan en la vida real, no quiero que se quede permanentemente en lo malo. Siempre tiene que haber una salida, algo de esperanza y ganas de seguir.

FM: ¿En qué momento te diste cuenta de que Papoi había dejado de ser solamente una idea o un juego y que realmente estaba conectando con la gente?
TC: Creo que el concepto de “todos somos bichos raros” fue fundamental. En una sociedad donde, por distintas situaciones económicas y sociales, muchos chicos pasan muchísimo tiempo frente al teléfono, Papoi se convirtió en una compañía diaria.
Hay chicos que esperan que Papoi les diga “buen día”, que prepare la comida, que tenga alguna aventura y después, a la noche, que les diga “buenas noches”. También canto muchísimas canciones virales, y todo eso fue generando una relación cotidiana con ellos.
Y eso también hace que yo tenga que seguir, incluso cuando a veces me decaigo o siento que cuesta mucho llevarlo adelante. Porque detrás de Papoi no hay nadie solventando todo esto: depende de mí.
Con un celular económico, ideas y muchas ganas, llegué muchísimo más lejos de lo que imaginaba. Un video llegó a cuatro millones de vistas en 24 horas, otros tuvieron una cantidad enorme de reproducciones y hubo videos con más de un millón de likes. Y ahí empecé a entender que eso que yo sentía, que podía ser algo viral, realmente estaba sucediendo.
Lo más sorprendente fue que todo pasó de un día para el otro, de una manera completamente random. En unos 60 días, con una sola cuenta, sucedió todo esto. Empecé a ver que las bandejas de entrada no paraban, que los seguidores seguían llegando y que la gente quería cada vez más.
Y hasta el día de hoy sigue pasando: llegan cientos de seguidores por día. Es algo que todavía me cuesta creer y que siento que es imparable.
Pregunta:
@facumena.hola









